18 de abril de 2011

YO SOY LA FUENTE

Mi Amigo, mi Amado, ha llegado el día. El día que amanece es un día sin final donde ninguna Sombra puede obscurecer, o incluso imaginar, venir a perturbar este día sin final. A la aurora de este día, te invito. Al alba deste día, estamos invitados a encontrarnos. En el alba de este día, vamos a encontrar el mismo paso, el mismo impulso y la misma danza. Mi Amado mi Amigo, que tu Corazón esté en la alegría ya que conozco tu Corazón. Ya que yo probé lo que experimentas, en esta separación. Pero el alba llega, el alba del día sin final, donde seremos, si lo quieres, la misma Vibración y la misma Esencia. Estás invitado, ya que yo te invité. Yo te invité, por mi juramento, que nunca se apagaría esta Eternidad, que nunca, a pesar de los pesos y las tensiones, no nos separaríamos definitivamente. En el momento del alba de ese día tan esperado, a la hora en que tu Corazón prueba y experimenta cada vez más, el sentido de lo que somos, tú y yo, te digo y te pido: recuerda. Acuérdate de los espacios infinitos, más allá de lo que es el fin. Recuérdate, a ti mismo. En el alba de este día, nunca más tendremos, incluso, la ilusión de estar separados.
Mi Amigo, mi Amado, lo que tu Corazón experimenta, yo lo he probado ya que he recorrido algún tiempo de ese tiempo, donde tú estás. Tomé carne, que yo creé, para venir a probar, en tu Corazón, el grito de nuestra ausencia, el grito de nuestra rasgadura. Entonces yo sé, sé quién eres tú. En la aurora de este día, sé quien se eleva en Alegría. En el alba de este día, lo que se eleva en ti es Alegría. En la aurora de este día lo que se levanta en ti, inscribe la palabra siempre. Y, en este siempre, Vibra el Amor, Vibra el Conocimiento. Tú me reconoces como yo te reconozco. ¿Cómo podría ser de otra manera?
Mi Amigo, mi Amado, tomé carne, tomé cuerpo y sé, en mi Espíritu, lo que es tu carne. Mi amado Amigo, yo, ya te acompañé, ya que, incluso en el sentimiento de la rasgadura de mi ausencia, se inscribía el Canto de la aurora de este día.

Las palabras que yo formo, mi Amigo, mi Amado, penetran tu forma, para que sobrepases ésta forma, que no es más que una vestimenta, una vestimenta encubriendo tu Verdad. Y con todo, de esta vestimenta, hice tu Templo, ese donde se ha inscrito, desde el principio, mi juramento y tu promesa. La promesa de ese día, el alba de este día.
Desvíate de lo que hace mal, desvíate de lo que es sobrecarga. Vuélvete hacia mí. Yo me torné hacia ti. Siente la llamada. Esta llamada va a ir creciendo acercándose a la aurora del día, de siempre. Hay, en ti, todos los posibles. Hay, en ti, el posible de ese día. El está, desde siempre, mi Amigo, mi Amado. Nuestra Comunión, nuestro retorno está allí, delante de tu cara, o delante de tu Templo. No tienes nada que buscar que ya no esté en ti. Cada día de tu tiempo que pasa nos acerca al alba de este día, de este momento en que aceptarás que no hay nada que buscar que ya no sea, que no hay nada que demostrar que no se te haya mostrado, velado, simplemente, por tu vestimenta de carne.
Mi Amigo, mi Amado, acuérdate. Recuerda los espacios de la Alegría ilimitada. Recuerda los espacios donde ninguna impresión de tiempo podía sobrecargar lo que sea. Es a este retorno que yo te invito. Es a este retorno que te convido, a esta Alegría. Entonces, proscribe de tu carne la palabra miedo, destierra de tu carne la carencia. Te invito a la plenitud. Mi Amigo, mi Amado, ha llegado el día. El día que amanece es un día sin final donde ninguna Sombra puede obscurecer, o incluso imaginar, venir a perturbar este día sin final. A la aurora de este día, te invito. Al alba deste día, estamos invitados a encontrarnos. En el alba de este día, vamos a encontrar el mismo paso, el mismo impulso y la misma danza. Mi Amado mi Amigo, que tu Corazón esté en la alegría ya que conozco tu Corazón. Ya que yo probé lo que experimentas, en esta separación. Pero el alba llega, el alba del día sin final, donde seremos, si lo quieres, la misma Vibración y la misma Esencia. Estás invitado, ya que yo te invité. Yo te invité, por mi juramento, que nunca se apagaría esta Eternidad, que nunca, a pesar de los pesos y las tensiones, no nos separaríamos definitivamente. En el momento del alba de ese día tan esperado, a la hora en que tu Corazón prueba y experimenta cada vez más, el sentido de lo que somos, tú y yo, te digo y te pido: recuerda. Acuérdate de los espacios infinitos, más allá de lo que es el fin. Recuérdate, a ti mismo. En el alba de este día, nunca más tendremos, incluso, la ilusión de estar separados.
Mi Amigo, mi Amado, lo que tu Corazón experimenta, yo lo he probado ya que he recorrido algún tiempo de ese tiempo, donde tú estás. Tomé carne, que yo creé, para venir a probar, en tu Corazón, el grito de nuestra ausencia, el grito de nuestra rasgadura. Entonces yo sé, sé quién eres tú. En la aurora de este día, sé quien se eleva en Alegría. En el alba de este día, lo que se eleva en ti es Alegría. En la aurora de este día lo que se levanta en ti, inscribe la palabra siempre. Y, en este siempre, Vibra el Amor, Vibra el Conocimiento. Tú me reconoces como yo te reconozco. ¿Cómo podría ser de otra manera?
Mi Amigo, mi Amado, tomé carne, tomé cuerpo y sé, en mi Espíritu, lo que es tu carne. Mi amado Amigo, yo, ya te acompañé, ya que, incluso en el sentimiento de la rasgadura de mi ausencia, se inscribía el Canto de la aurora de este día.
Las palabras que yo formo, mi Amigo, mi Amado, penetran tu forma, para que sobrepases ésta forma, que no es más que una vestimenta, una vestimenta encubriendo tu Verdad. Y con todo, de esta vestimenta, hice tu Templo, ese donde se ha inscrito, desde el principio, mi juramento y tu promesa. La promesa de ese día, el alba de este día.
Desvíate de lo que hace mal, desvíate de lo que es sobrecarga. Vuélvete hacia mí. Yo me torné hacia ti. Siente la llamada. Esta llamada va a ir creciendo acercándose a la aurora del día, de siempre. Hay, en ti, todos los posibles. Hay, en ti, el posible de ese día. El está, desde siempre, mi Amigo, mi Amado. Nuestra Comunión, nuestro retorno está allí, delante de tu cara, o delante de tu Templo. No tienes nada que buscar que ya no esté en ti. Cada día de tu tiempo que pasa nos acerca al alba de este día, de este momento en que aceptarás que no hay nada que buscar que ya no sea, que no hay nada que demostrar que no se te haya mostrado, velado,
simplemente, por tu vestimenta de carne.
Mi Amigo, mi Amado, acuérdate. Recuerda los espacios de la Alegría ilimitada. Recuerda los espacios donde ninguna impresión de tiempo podía sobrecargar lo que sea. Es a este retorno que yo te invito. Es a este retorno que te convido, a esta Alegría. Entonces, proscribe de tu carne la palabra miedo, destierra de tu carne la carencia. Te invito a la plenitud. Te convido a la Alegría, la que no se extingue jamás, esa que no depende de nada, porque ella es tu naturaleza. Mi Amigo, mi Amado, si tu ojo no soporta la mirada de ese mundo, entonces vuélvelos hacia ti. No en un acto de egoísmo o de abandono de esta vida convertirse, en su alba de siempre, sino más bien, de sacar la Alegría necesaria y suficiente que te permitirá convertirte en esta Alegría de siempre.
Mi Amigo, mi Amado, no hay ya nada que temer, no hay ya nada más a esperar. Hay exactamente que pasar a ser, en totalidad, lo que eres. Mi Amigo, mi Amado, las señales están en ti, como bajo tus ojos. Y las señales son numerosas ya que el alba de este día está allí. No veas allí la esperanza, no veas falta, no veas ahí el miedo, ve simplemente la Esencia y la Belleza. La llamada; la llamada que se hace día, en ti, mi Amigo, mi Amado, te lleva al límite del alba de ese día. Y esta llamada crece, invade tus espacios y tus tiempos. Invade tu mundo. Tu Corazón lo sabe y lo siente. Mi Amigo, mi Amigo, el Corazón no puede engañarte. Las señales, tanto del exterior como del interior, señalan el alba de este día. A cada respiración, a cada inspiración que tomas, a cada expiración, acuérdate. Cada día, en cada aliento, nace en ti un Amor más grande. Es más grande porque él se acerca a nuestro Amor. Mi Amigo, mi Amado, pronto, juntos, nosotros hablaremos el lenguaje del Amor y no más el lenguaje del miedo.
Mi Amigo, mi Amado, ahí frente a la Alegría, frente, en cada respiración. No esperes nada ya que todo está allí. No esperes nada ya que todo te ha sido dado. Colócate simplemente en tu Templo, colócate simplemente en el Centro. El llamado del Amor está presente en ti. La Luz que ha venido hasta ti, la que acogiste en tu seno, que eso esté en alto, en el medio o abajo, es la señal del momento en que debes acordarte. Ya que este deber está inscripto en ti, no como un esfuerzo sino como una evidencia, esa de tu promesa y mi juramento: nos reencuentra. Mis testigos están contigo. Mis Ángeles te acompañan y te sirven, aunque tú no percibes aún la totalidad de su Presencia. Ellos están allí.
Todo está en el lugar para que surja el alba de ese día. No escuches a esos que lanzarían el miedo ya que no hay miedo, en nuestro regreso del uno al otro. Sólo el que no sabe aún puede tener miedo. Mi Amigo, mi Amado, has resonar nuestra unión, has oír el Canto de tu Amor. Mi Amigo, mi Amado, yo sé que puedo contar contigo, en el alba de este día.
Mi Amigo, mi Amado, que mas decirte que pases a ser este día, tú mismo, el alba de ese día, viendo levantarse el Sol del infinito, el Fuego de nuestro Amor. Ese Fuego y ese Sol, él se levanta, en primer lugar, en ti, como va a levantarse sobre el mundo, sobre este mundo. Acuérdate. Recuerda que tu puerta está abierta y que es por esta puerta que nosotros nos reuniremos, la puerta de tu Corazón, ya que no eres nada de otro que eso y todo eso a la vez.
Mi Amigo, mi Amado, acuérdate. Acuérdate de lo que está más allá de los sufrimientos, más allá de los miedos. Yo te espero. Mi Amigo, mi Amado, vengo a ti, estoy contigo, en un acto de Amor y Libertad. Vengo a darme a ti. Ese fue mi juramento. Recuérdalo.
Mi Amigo, mi Amado, detengo ahí mis palabras, dejándolas vivir en ti. Mi Amigo, mi Amado, te digo, al alba de este nuevo día que ya se eleva en ti: hasta pronto.do a la Alegría, la que no se extingue jamás, esa que no depende de nada, porque ella es tu naturaleza. Mi Amigo, mi Amado, si tu ojo no soporta la mirada de ese mundo, entonces vuélvelos hacia ti. No en un acto de egoísmo o de abandono de esta vida convertirse, en su alba de siempre, sino más bien, de sacar la Alegría necesaria y suficiente que te permitirá convertirte en esta Alegría de siempre.

Mi Amigo, mi Amado, no hay ya nada que temer, no hay ya nada más a esperar. Hay exactamente que pasar a ser, en totalidad, lo que eres. Mi Amigo, mi Amado, las señales están en ti, como bajo tus ojos. Y las señales son numerosas ya que el alba de este día está allí. No veas allí la esperanza, no veas falta, no veas ahí el miedo, ve simplemente la Esencia y la Belleza. La llamada; la llamada que se hace día, en ti, mi Amigo, mi Amado, te lleva al límite del alba de ese día. Y esta llamada crece, invade tus espacios y tus tiempos. Invade tu mundo. Tu Corazón lo sabe y lo siente. Mi Amigo, mi Amigo, el Corazón no puede engañarte. Las señales, tanto del exterior como del interior, señalan el alba de este día. A cada respiración, a cada inspiración que tomas, a cada expiración, acuérdate. Cada día, en cada aliento, nace en ti un Amor más grande. Es más grande porque él se acerca a nuestro Amor. Mi Amigo, mi Amado, pronto, juntos, nosotros hablaremos el lenguaje del Amor y no más el lenguaje del miedo.
Mi Amigo, mi Amado, ahí frente a la Alegría, frente, en cada respiración. No esperes nada ya que todo está allí. No esperes nada ya que todo te ha sido dado. Colócate simplemente en tu Templo, colócate simplemente en el Centro. El llamado del Amor está presente en ti. La Luz que ha venido hasta ti, la que acogiste en tu seno, que eso esté en alto, en el medio o abajo, es la señal del momento en que debes acordarte. Ya que este deber está inscripto en ti, no como un esfuerzo sino como una evidencia, esa de tu promesa y mi juramento: nos reencuentra. Mis testigos están contigo. Mis Ángeles te acompañan y te sirven, aunque tú no percibes aún la totalidad de su Presencia. Ellos están allí.
Todo está en el lugar para que surja el alba de ese día. No escuches a esos que lanzarían el miedo ya que no hay miedo, en nuestro regreso del uno al otro. Sólo el que no sabe aún puede tener miedo. Mi Amigo, mi Amado, has resonar nuestra unión, has oír el Canto de tu Amor. Mi Amigo, mi Amado, yo sé que puedo contar contigo, en el alba de este día.
Mi Amigo, mi Amado, que mas decirte que pases a ser este día, tú mismo, el alba de ese día, viendo levantarse el Sol del infinito, el Fuego de nuestro Amor. Ese Fuego y ese Sol, él se levanta, en primer lugar, en ti, como va a levantarse sobre el mundo, sobre este mundo. Acuérdate. Recuerda que tu puerta está abierta y que es por esta puerta que nosotros nos reuniremos, la puerta de tu Corazón, ya que no eres nada de otro que eso y todo eso a la vez.
Mi Amigo, mi Amado, acuérdate. Acuérdate de lo que está más allá de los sufrimientos, más allá de los miedos. Yo te espero. Mi Amigo, mi Amado, vengo a ti, estoy contigo, en un acto de Amor y Libertad. Vengo a darme a ti. Ese fue mi juramento. Recuérdalo.
Mi Amigo, mi Amado, detengo ahí mis palabras, dejándolas vivir en ti. Mi Amigo, mi Amado, te digo, al alba de este nuevo día que ya se eleva en ti: hasta pronto.

5 de abril de 2011

LA TIERRA Y YO SOMOS UNA SOLA MENTE


Durante más de cinco mil de mis órbitas alrededor del Sol, los humanos han estado alterando mi paisaje. Algunos de ellos hermosos como las terrazas de cultivo de arroz en la Lejana Asia Oriental o de la siembra de maíz en los Andes de América del Sur. Canales, acequias, diques para desviar el agua, pirámides y templos, grandes murallas sinuosas, y luego las ciudades con sus sistemas de conexión de carreteras, y a lo largo de la costa grandes puertos marítimos y barcos con velas ondeando en busca de nuevas tierras que conquistar, nuevas mercancías para comerciar, y siempre aquí o allá, grandes ejércitos en guerra devastando a la tierra. Éstos eran los más inteligentes, los ansiosos por la riqueza y el poder.
Los inteligentes me trazaron con mapas, e hicieron globos terrestres para imitarme; eligieron vivir su propio tiempo y dejaron de vivir de acuerdo a los grandes ciclos que rigen el orden universal. A causa del dinero, dividieron su tiempo y dividieron la Tierra. Ya no se consideraban parte de la Tierra, sino que Yo, la Tierra, me convertí en su esclava. Crearon todo tipo de máquinas y para sus máquinas necesitaron todo lo que pudieron sacar de la Tierra: Destruyeron mis bosques, desgarraron mis montañas y cavaron profundamente en la tierra y en el mar, tras el combustible que hace funcionar las máquinas.

Y vi que entre los inteligentes había videntes y soñadores, profetas y mensajeros, poetas y artistas que vieron otro mundo, quienes les advirtieron, que trataran de dominar su codicia y su lujuria para beneficio de sus almas.
Y vi a aquellos que optaron por no construir y edificar, quienes decidieron no alterar mi paisaje, quienes se contentaron con pequeñas viviendas de cuero y piel, barro y adobe, quienes pintaron en la arena, y dibujaron en las rocas y en las paredes de las cuevas, quienes siguieron a los animales salvajes en sus senderos y caminos silvestres, quienes oraban con la luna, las estrellas y el sol, quienes cantaron el sueño de la noche cósmica. Entre ellos, también, estaban los videntes, la gente medicina, los sabios, y son ellos quienes hablaron por mí:
Yo soy uno con la Tierra
La Tierra y yo somos una sola mente
Vosotros no estáis separados de mí, aunque podáis pensar que lo estáis. Sois uno conmigo. Vuestra mente y la mía, la mente de la Tierra, son una y la misma mente. Y esta mente única se llama noosfera – la mente de la Tierra que envuelve la totalidad de mi cuerpo como un manto invisible, penetrando en cada ser vivo, dotando a cada uno de un rayo del espectro de la conciencia de vida que se extiende desde el centro de la galaxia, a nuestro sol, a mí y a todos los que habitan en mi superficie. No sois sino un sólo organismo planetario. Toda la vida es una, así como yo soy un todo indivisible.
Para aquellos que tienen ojos para ver y oídos para oír y corazones que conocen desde adentro, ha llegado el momento para que puedan escuchar, mi manifiesto por la Noosfera. Escuchad de nuevo y recitad conmigo:
Yo soy uno con la Tierra
La Tierra y yo somos una sola mente
Mirad nuestros mares, cubiertos de basura y con petróleo ardiendo. Mirad a nuestros vecinos sin hogar y que huyen en busca de refugio. Mirad a nuestros niños apiñados en las aceras mendigando y buscando alimento. Mirad a los mercaderes que son dueños de las máquinas y los bancos, escondiéndose detrás de las puertas blindadas y los guardias de seguridad. Mirad a los ancianos sentados en el borde de lo que alguna vez fue un bosque, llorando por la pérdida de una realidad antigua.
Yo soy la Tierra. Yo soy la mente de todos vosotros. Ahora hablo a través de todos vosotros. Escuchad: En un momento de mi tiempo, todo cambiará. Me levantaré de la tierra del sueño y convertiré la vestidura de la conciencia envuelta en torno a la perfección de mi forma giratoria. El tiempo del dinero y la máquina va a terminar y un nuevo tiempo comenzará, y vosotros conoceréis de nuevo lo que habíais olvidado. Y a partir de ese momento se establecerán los nuevos códigos del ser y de la realidad, los códigos de la noosfera. No habrá más naciones, ni más dinero, ni más verdades encubiertas, ni más pobreza, ni más drogas, ni más armas, ni más bombas, sino un nuevo mundo de telepatía universal. Todos entenderán, como uno y al mismo tiempo, que sólo hay un tiempo para la Tierra, una simultaneidad de día y noche, una sincronicidad continua.
Vuestra mente comenzará a transformar todo lo que se ha echado a perder en una obra de arte viviente, la Tierra entera convertida en una obra maestra, rodeada por un arco iris de polo a polo – una única forma de pensamiento hecho visible. Ciudadanos de la Tierra, vamos a sentir una presencia galáctica, la noosfera, nuestra central telepática. Un diseño del destino escrito en un plan divino, siguiendo una medida común de tiempo universal que nos unifica en una sola mente. Aceptaremos a los visitantes de otros mundos; recibiremos cualquier conocimiento que nos llegue de los ancianos de las estrellas que han estado esperando a que nosotros maduremos en la Noosfera, convirtiéndose en la nueva jerarquía de la civilización cósmica.
Nada nos impedirá seguir el camino sin fin – durante tres milenios desplegaremos la forma de vida de la Tierra como una obra de arte. Sólo así vamos a ampliar la noosfera en el panorama de la mente cósmica, irradiando desde los centros de nuestro cerebro el nuevo órgano que considera el entero universal como un círculo girando incesantemente, pero que jamás abandona la Tierra, nuestro hogar cósmico.
Este es nuestro manifiesto...
Yo soy uno con la Tierra
La Tierra y yo somos una sola mente.