16 de diciembre de 2010

EL SOL ES FRIO


Hecho Astronómico
Desde que vi el universo a través del rudimentario telescopio que construí con dos tubos de cartón y dos lupas a la edad de 10 años cuando era alumno en la escuela Juan Rafael Mora en 1941, bajo la dirección del eminente profesor Sr. José Ángel Brenes, en San José, Costa Rica, tuve la impresión de que algún día anunciaría al mundo cosas nuevas en astronomía. Ahora 37 años después, por la gracia del buen Dios, he reunido interesante información la cual constituye mi descubrimiento, a la vista de todos, pero por ninguno antes observado, parte del cual publico aquí, en forma resumida, con explicación y pruebas convincentes, tanto para el público corno para los astrónomos.
Pagar esta publicación, sin obtener ganancia de ello, es para muchos algo sin sentido, pero no me queda otra alternativa para que mis descubrimientos sean conocidos por el público. Debido a que mis declaraciones acerca de la luz del Sol y de los movimientos planetarios varían demasiado conforme a lo que actualmente se acepta como cierto, mi trabajo, ha sido catalogado como una “herejía astronómica” y ha sido suspendido de toda publicación, sin importarles cuán correcto estoy en lo que digo. Hasta ahora no he encontrado un medio publicitario armado de suficiente valor para publicarlo por cuenta propia.
En enero de 1977 anuncié en mi libro titulado Hecho Astronómico, de escasas 68 páginas, mi otro descubrimiento acerca de la relación existente entre el balanceo polar Norte y Sur y los movimientos sísmicos (temblores), lo cual conduciría a predecirlos científicamente y así salvar muchas vidas. Pero hay científicos que se ríen de mi trabajo sin siquiera revisarlo, mientras muchas vidas se pierden y muchos daños ocurren por dichos movimientos.
Con suficiente base para ello, me corresponde también defender lo que pertenece al astrónomo italiano Galileo Galilei a quien los científicos le han arrebatado lo siguiente: el microscopio, el telescopio, la teoría de la relatividad, el termómetro, la brújula y las leyes que rigen la fuerza de gravedad en la caída de los objetos, todo lo cual se ha atribuido a otras personas.
No es necesario que tenga un diploma académico quien desee examinar mis descubrimientos conforme a la verdad de lo que vemos y sentimos. Si mis avisos astronómicos llevan al mundo a comprender mejor al universo y a una reforma total en la astronomía, dejemos que así sea. Ya es tiempo de liberar a la astronomía del comercialismo, de las manos exclusivas de esos astrónomos ortodoxos y de la mafia de los graduados en esta ciencia, los cuales agarran sus queridos diplomas académicos como si eso fuera el único pasaporte o conditio sine qua non para ser escuchados y creídos por el público. Pongo aquí la piedra fundamental para promover el estudio completo, pero sencillo, de la astronomía, al nivel del campesino, del pobre, de los niños y jóvenes, que no necesitan aportar dinero ni títulos académicos para ver el firmamento y para escrutar el misterio de los cielos. Así se estudia en mi Grupo Astronómico, que es mixto, formado por estudiantes de primaria y secundaria de la clase más pobre que he podido encontrar.
A los catedráticos de Astronomía en Costa Rica y otros países, cuyos nombres se mantienen en reserva, he enviado mi libro, pero todos callan como si el libro fuese más astrónomo que ellos. Instituciones astronómicas se han convencido de la veracidad de lo que digo, pero el miedo de situarse contra la opinión general las amarra al silencio y las obliga a darme respuestas ambiguas y cursis, que uno no se sabe si es por cinismo o por estupidez o quizá por ambas cosas, repitiendo se exactamente lo sucedido a la astronomía entre los años 1525 y 1640, en tiempos de Galileo Galilei.
La historia se repite, cambian el escenario y los actores, pero los personajes y el drama son los mismos. Desde hace más de 150 años se ha aceptado un concepto erróneo que ya es hora de aclararse aunque eso cambie lo que debe cambiarse ( mutatis mutandi ). ¡Examínalo tú, lector amigo!
LA LUZ DEL SOL NO ES CALIENTE
Explicación para el público. La luz que nos llega del Sol, el cual es una estrella como cualquiera otra, con la diferencia de que está más cerca y es el centro de nuestro sistema planetario, así como la luz de las demás estrellas, es producida por los gases que los rodean.
En el Sol, esos gases forman la brillante atmósfera solar que tiene tres secciones:
A. La fotosfera, donde la luz es producida.
B. La cromosfera, donde la luz es filtrada.
C. La corona, donde la luz, ya filtrada, sale al espacio sideral.
A través del telescopio, la fotosfera tiene un aspecto granulado semejante al arroz bajo la cual se ve el fondo negro del centro del Sol, visibles claramente a través de las “manchas solares”, las cuales son “aperturas” o claros en esa brillante atmósfera, parecidas a los claros en un día nublado por donde vemos una pequeña parte del cielo azul aquí en la Tierra.
Conviene anotar que el familiar arco iris muestra siete diferentes colores que son los del espectro del Sol, y cada color representa un gas presente en la atmósfera del Sol. Abajo del rojo está el “infrarrojo”, y arriba del violeta o morado está el “ultravioleta”, pero ambos no se ven. Los siete colores están en orden y definidos tal como están los gases en el Sol y en ningún momento se ven mezclados, como si la luz solar fuese producto de fuego o de explosiones nucleares la que, según dicen los astrónomos, es producida de esta forma.
La luz del Sol producida por gases, como lo expliqué antes, es luz fría; no quiero decir “congelada”, sino, más bien, que no es caliente ni quemante. Luz no necesariamente significa calor, eso lo vemos, por ejemplo, en un tubo fluorescente de gas neón que brilla intensamente con luz fría. Esta clase de luz es muy brillante, pero no incandescente. Bien sabemos que nosotros sentimos el calor más fuerte cuanto más cerca estarnos de la causa que lo produce, pero bajo la luz del Sol sucede el fenómeno contrario: Los lugares más fríos son aquellos situados en lo alto de la atmósfera terrestre y los más calientes son los situados en las partes bajas. Existen lugares donde, al medio día, por ejemplo, las cumbres de las montañas experimentan fríos y nieve mientras que al pie de esas mismas montañas hace un calor sofocante. Sin embargo, la luz del Sol que baña ambos lugares es la misma. Esto se debe a la atmósfera de la Tierra y no a la luz del Sol. Cuanto más denso es el aire, corno ocurre al nivel del mar y en las bajuras, más moléculas del mismo son excitadas por la luz del Sol, resultando que el calor se siente con más fuerza en esas partes. Cuanto más liviano o enrarecido es el aire, como en las alturas, menos moléculas por centímetro cuadrado del mismo habrá para ser excitados por la luz solar: Por consecuencia, el frío se sentirá más. Si instaláramos una tienda de campaña o carpa y a plena luz solar le cerramos la entrada durante un rato, si súbitamente entráramos en ella, notaríamos que el aire de adentro es mucho más caliente que el aire de afuera. Es ese aire, el de adentro, precisamente, el que no ha sido tocado por la luz del Sol, la cual baña, por igual, a la carpa y al aire que la rodea. Este fenómeno se repite dentro de un automóvil.
El propósito del uso de un ventilador eléctrico o de un abanico de mano no es el de alejar la luz del Sol, sino, más bien, el de remover el aire calentado (o excitado) estableciendo una corriente circulatoria que refresque el ambiente que nos rodea. Esto se puede hacer a plena luz solar obteniendo el mismo resultado, pues el aire caliente es removido y reemplazado por aire fresco mientras que la luz del Sol continúa iluminándonos sin interrupción, sin interferir en dicha acción y sin “quemarnos” en lo más mínimo.
Cuando exponemos nuestra piel a la acción de la luz del Sol, para lo que llamamos “asolearnos”, los rayos equis y rayos gamma provenientes de este penetran en la piel, sin quemarla, excitando la melanina, que los absorbe, produciendo la pigmentación que da el característico color rojo o bronceado, según la piel haya sido expuesta pocas veces a la luz solar o se haya hecho diariamente o con frecuencia. Si se practica mucho la natación y el fútbol o se tiene la costumbre de vestir con camisa tipo sport de manga corta y pantalón corto, la piel se saturará con esos rayos solares y devendrá lo que llamamos el “adaptarse” o “acostumbrarse” al Sol, sin que su luz afecte en lo más mínimo nuestra piel. Por eso dichos deportes y vestimentas son más saludables que otros.
Existen partes de la piel donde a veces los tejidos no retienen el agua que deben retener, evaporándose esta con la consiguiente llaga o supuración que aparece luego, causada por la debilidad de los tejidos en esa parte cutánea y no por la luz del Sol. Además, con el frío la piel reacciona de igual manera.
La verdadera quemadura, por fuego o por agua hirviente, destruye a la piel de afuera hacia adentro, quemando primero la capa exterior o epidermis y luego la capa interior o dermis, aunque estemos envueltos en ropas, las cuales se quemarían primero y casi simultáneamente con la piel. Así sucede, también, al asar un trozo de carne al fuego, directamente en la llama o por reflexión: el trozo de carne se cuece también de afuera hacia adentro, cuyo centro a veces queda crudo. Pero la acción de la luz del Sol en nuestra piel es a la inversa, de adentro hacia afuera, y solamente si la piel está desnuda, todo lo cual demuestra que es erróneo llamar “quemadura” al color rojo o bronceado de la piel, porque ello es el resultado de la acción normal y fría de la luz del Sol que excita a la melanina en igual forma que excita a las moléculas del aire en la atmósfera, con el consiguiente resultado del frío o el calor, tal como lo expliqué anteriormente.
Un experimento conocido entre los niños escolares es el de quemar un trozo de papel con una lupa. La lupa solamente hace el oficio de concentrar o enfocar los fotones de luz de los cuales está hecha la luz del Sol y lanzarlos a un mismo lugar. Haciendo esto, los fotones destruyen allí la cohesión molecular del papel, de modo que este se quema solamente en ese lugar. Si la luz del Sol fuese la que “quema” como aseguran los astrónomos, ella dañaría a la lupa antes de tocar el papel y, peor aún, entonces ni siquiera habría necesidad de utilizarla, pues el papel se quemaría por parejo bajo la luz directa del Sol.
Cuando la luz del Sol no es obstaculizada, viaja libremente con todo su caudal de fuerza a través de nuestro sistema planetario, alcanzando a Plutón con la misma intensidad que alcanza a Mercurio, Venus, Saturno y demás miembros de la familia planetaria.
Mi declaración está basada en la luz solar que refleja Plutón.
Cada planeta, incluyendo la Tierra, absorbe parte de la luz que recibe del Sol, y refleja parte de ella en el espacio interplanetario. Esta cualidad reflexiva de los mundos, no es igual en todos ellos, pues depende únicamente de la atmósfera de cada planeta, sin que tenga nada que ver su tamaño ni su distancia del Sol. Mercurio refleja el 15% de la luz que recibe; Venus el 80%; la Tierra el 50%; Saturno el 60%; Neptuno 75% y Plutón 17%.
En el caso de Plutón, considerando, además, su pequeñez planetaria y la enorme distancia que lo separa del astro rey, debe recibir, necesariamente, gran cantidad de luz solar junto con la fuerza electromagnética del Sol, pues de lo contrario jamás seria visible desde la Tierra a través de los más potentes telescopios, ni por medio de la más avanzada técnica de fotografía estelar. Además, la fuerza magnética solar que es inseparable de la luz, no podría controlar a Plutón, y tampoco este se trasladaría alrededor del Sol. La iluminación del cielo en Plutón depende únicamente de la composición química de su atmósfera y no de la luz del Sol que lo ilumina y controla como a los demás mundos. Una explicación más detallada la puedes encontrar luego cuando explico este mismo punto a los astrónomos. Léela y verás que es fácil de entender y es más exacta.
Explicación para astrónomos. El quantum de física nos dice que un electrón oscila por movimiento propio y transmite radiación a otro electrón. A través de dicha interacción radiactiva, el electrón se mueve a una velocidad cercana a la de la luz en un camino espiral con una frecuencia sobre 10 ciclos por segundo. Esta frecuencia se registra en el espectro solar sobre el ultravioleta, con los rayos X y rayos Gamma, y bajo el infrarrojo. Estos electrones mencionados son excitados por la absorción de fotones, provenientes de otros electrones, los cuales hacen que éstos ocupen una órbita nuclear exterior originalmente a la que ocupaban y los cuales a su vez emiten un fotón al regresar a su órbita original.
El caudal de luz recibido en cada planeta lleva consigo los fotones y la fuerza electromagnética, haciendo el doble papel de iluminar y controlar cada mundo. Esto es posible solamente porque la luz del Sol no disminuye con el cuadrado de la distancia, pues resultaría un absurdo físico inexistente separar la luz de la fuerza magnética. En el laboratorio, el fotón es producido por medio del calor necesario para romper la fuerza magnética que repele a los protones por tener ellos signo positivo y atraerlos hacia sí rindiéndolos a la fuerza nuclear. Pero en el Sol, los electrones de cada gas son excitados por el ambiente natural, no quemante, manteniendo el balance existente entre la fuerza electromagnética y la fuerza nuclear sin que para ello exista el calor como común denominador de causa y efecto. Esto, llevado a cabo de este modo, es un hecho físico perfectamente probado y aceptado ya.
La luz emitida en esa forma es fría, normal, no quemante, cuya acción en los objetos y cuerpos físicos que encuentra a su paso excita el ambiente molecular de los mismos, pero sin destruirlos. La reacción física y química de las moléculas de estos cuerpos es la respuesta a la excitación de esa luz fría sin que ello signifique la consunción de los elementos que excita. La fotosíntesis en las plantas es prueba evidente de lo que afirmo acerca de la acción fría, no quemante, estimulante, de la luz del Sol, porque, de lo contrario, las mismas plantas se quemarían en vez de transformar un elemento químico en otro.
Datos oficiales dicen que Plutón se encuentra alejado del Sol 39.439 unidades astronómicas, por lo cual ese distante planeta recibe apenas la 1.100 millonésima parte del total de luz que sale del Sol, debido a que la tal -según informaciones oficiales -disminuye con el cuadrado de la distancia entre el astro rey y Plutón. Como este planeta absorbe parte de esa minúscula cantidad de luz que recibe, y como refleja apenas el 17%, resulta que este 17% de esa 1.100 millonésima parte es lo que refleja Plutón. Pero como la luz ¬según informaciones oficiales -disminuye también con el cuadrado de la distancia entre Plutón y la Tierra, entonces quiere decir que a la Tierra llegaría la 1.000 millonésima parte del 17% que refleja Plutón, lo cual a su vez representa la 1.100 millonésima parte del total de luz incidente en dicho planeta. Esa luz seria imposible de verse. Pero la verdad de lo que he descubierto me dice lo contrario: La Tierra recibe la totalidad de ese 17% que sale de Plutón lo cual sucede solamente si ese lejano mundo recibe el caudal total de luz salido del Sol, que no disminuye con el cuadrado de la distancia entre este y Plutón, ni de Plutón a la Tierra, máxime sabiendo que nuestro mundo solamente es el tercero a partir del Sol. Lo que más adelante también sea descubierto, como la luna de Plutón, confirmará una vez más mis descubrimientos y pavimentará el camino para la aceptación mundial de lo que digo, pues no es posible la reflexión si no hay luz incidente, así como, también, no es posible la emisión de un fotón de luz sin que lo acompañe la fuerza magnética.
Sabiendo que el coeficiente reflexivo es la medida de la habilidad de una superficie para reflejar luz o, lo que es lo mismo, la proporción de la intensidad de la luz reflejada con la razón de la luz incidente en circunstancias normales, se deduce que la cualidad reflexiva de una superficie se determina solamente cuando esta recibe el total de luz proveniente de la causa que la produce y cuando esta luz reflejada llega en su totalidad hasta el observador que la analiza.
MOVIMIENTOS PLANETARIOS AREDEDOR DEL SOL
Explicación para el público. Dirigiendo mi vista a Mercurio y Venus, observando sus movimientos cuando ambos mundos se separan mucho del Sol y brillan en el cielo al amanecer o al atardecer como hermosas “estrellas” o “luceros” de manera semejante a lo que ocurre ahora en agosto de 1 978, cuando podemos ver a Venus en las tardes, he calculado el tiempo que ellos emplean para moverse en el cielo desde la tarde hasta la mañana y viceversa, lo cual, sumado al movimiento de nuestro mundo, me ha puesto enfrente la confirmación de que todos los mundos, incluyendo la Tierra, se mueven con la misma velocidad alrededor del Sol, cosa que venía sospechando tiempo atrás. Con los mundos más alejados del Sol que de la Tierra, he hecho idéntico cálculo matemático cuando ellos parecen detenerse en el cielo y continuar su marcha en dirección opuesta a la que traían, y he obtenido los mismos resultados que obtuve con Mercurio y Venus. En esta misma explicación presento la prueba exacta para los astrónomos.
Para ser más claro, presentaré ahora el siguiente ejemplo: suponiendo que en un gran salón hay dos trenes eléctricos de juguete, uno en el medio del salón corre sobre una vía ovalada o elíptica, que tiene 5 metros de largo por 4 metros de ancho. El segundo tren circunda el salón y corre sobre una vía, también ovalada, que tiene 50 metros de largo por 25 metros de ancho. Después de hacerlos partir desde la misma dirección y hacerlos correr exactamente a la misma velocidad, lógicamente, el tren con la vía más pequeña en el centro del Salón es el que ganará la carrera, mientras que el otro apenas habrá recorrido la mitad de su trayecto total. Esto se debe únicamente a la vía más pequeña y no a una mayor velocidad, puesto que es la misma en ambos. De igual forma, los planetas más cercanos al Sol parecen moverse más rápido que la Tierra y más rápido que los mundos más alejados del Sol con respecto a ella, pero, en realidad, la velocidad es la misma en todos, si bien los más cercanos al Sol completarán, ciertamente, una vuelta alrededor de este antes que su vecino siguiente más alejado, debido a su pequeña órbita o camino y no por una diferencia de velocidad.
Así como “luz” no necesariamente significa “calor” tal como lo expliqué anteriormente, así también “menos tiempo” en recorrer una distancia no necesariamente significa “más rápido”, sino que, como en el caso de los planetas, significa únicamente “menor camino” por recorrer.
Explicación para astrónomos. Trazando dos paralelas a la órbita de Mercurio en el punto de su máximas separaciones respecto al Sol, (ver el dibujo adjunto la marca x para la separación este y la marca y para la separación oeste ), he notado el siguiente fenómeno: comenzando con la elongación oeste de Mercurio, la cual tuvo lugar 5 días antes de la separación este de Venus, Mercurio tardó 71 días en moverse del punto y hacia el punto x dos cuadrantes de su órbita, mientras que Venus tardó 72 días para moverse desde x hacia N (ver dibujo), que es cuando sobrepasó a la Tierra pasando entre el Sol y nuestro planeta. Veinte días más tarde, también Mercurio alcanzó el punto N sobrepasando a la Tierra y luego a Venus, llegando a su punto de partida 28 días antes que Venus llegase al punto Y. Mientras Venus recorrió un cuadrante de su órbita total, Mercurio recorrió dos; y mientras Venus recorrió dos, la Tierra recorrió uno. Mercurio tardó 42 días para moverse de x a Y ( menos tiempo que de Y a x ); Venus tardó 57 días y la Tierra tardó 91 días para recorrer su propio cuadrante. Sumados los cuatro cuadrantes de la elipse de la órbita terrestre resultan 364 días, lo cual es exactamente lo que dura el año terrestre como para ser una mera coincidencia. Sumado lo de Venus y Mercurio también resultan muy exactos con los presentes datos de las traslaciones de esos mundos. Esto presenta una clara evidencia de mi descubrimiento.
La evidencia de los resultados obtenidos me ha dado la siguiente regla astronómica, la cual los astrónomos tendrán que aceptar y seguir si desean computar mi descubrimiento: “el tiempo que un planeta necesita para moverse en un cuadrante de su órbita alrededor del Sol, equivale a dos cuadrantes de la órbita de su planeta vecino más alejado del Sol que él”. La velocidad igual con que todos los planetas se trasladan alrededor del Sol, es también prueba indiscutible de que la luz solar, fría, no quemante, llega a todos los mundos por igual controlándolos equitativamente.
Amigo lector: Espero que, después de leer y comprobar por ti mismo lo que he descubierto en astronomía, lo cual está a la vista de todos, valientemente des tu apoyo y voz de aliento necesarios para hacer efectivo inmediatamente el cambio de lo que erróneamente se enseña en las instituciones educativas. El pueblo será el primero en aceptarlo. Ya es hora de empezar esta “revolución astronómica”, difícil pero no imposible, y de que se acepte lo que es nuevo y es cierto.
(*) El Sr. Marchini falleció hace algún tiempo.

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